martes, 19 de abril de 2016

De cuervos y maizales

De cuervos y maizales



Lúgubre y lluviosa tarde de Mayo.
-Saludos pico negro
-Tiempo de no verte ala purpura, cómo has estado?
-En lo que enmarca la superficial palabra “bien”, he estado “bien” y tu?
-Supongo que igual, comiendo semillas y viendo gente para entretenerme. En estos lugares, siempre hay mucha gente. Me entretiene ver sus expresiones, sus vestimentas y sus rituales.
-Es cierto, las personas son seres muy peculiares, sumamente complejos. Creo que aunque reencarnare millones de veces, nunca los entenderé.
-En efecto ala purpura, cada uno de esos seres es tan único, sin embargo, en este lugar todos terminan siendo iguales.
-En qué sentido “iguales”?
-Todos se visten como si fueran cuervos, todos derraman agua por sus ojos, gritan, se golpean el pecho, se muerden los labios de dolor y se despiden con suma desolación.
-Todo eso has observado en este grisáceo lugar?
-Si, quizá otras cosas más, pero las que te menciono son las más comunes.
-Bueno, qué esperas, esto es a lo que llaman un “Cementerio”. Aquí los seres humanos vienen a enterrar los restos de sus conocidos. Al parecer para los seres humanos, esto siempre será sumamente difícil. Pareciera ser que no están preparados para morir o para que se muera uno de sus conocidos.
-Bueno, pero qué diablos esperan esos sacos de carne, ala purpura, vivir para siempre?
-Es posible pico negro. La idea es sumamente atractiva. Aunque fatigante, dime tu, qué harías si vivieras para siempre?
-Comer todo lo que pueda, beber todo lo que pueda, tener todos los hijos que pueda, conocer todos los lugares que pueda y…lo ves!? todo es aburrido!
-hahaha, quizá aburrido no sea la palabra adecuada, sino fatigante. Yo veo a la muerte como un regalo de la naturaleza para que podamos descansar después de haber disfrutado la vida que se nos ha dado.
-Es acertado mi querido ala purpura, nosotros como cuervos que somos disfrutamos de la vida a lo grande. Hacemos todo lo que nos gusta y luego descansamos para no aburrirnos…al parecer.
-Si, al morir regresaremos a la naturaleza y le podremos devolver aunque sea un poco de lo que hemos tomado con nuestros cuerpos.
-De qué hablan ustedes dos?
-Saludos cuervo extraño, no te había visto por aquí. Primero dinos quién eres?
-Perdonen mis modales, estaba tratando de descifrar su conversación y me puse ansioso. Yo soy Carlos.
-Carlos, Qué carajos es un Carlos?
-Ala purpura, un Carlos es un humano macho.
-Pues yo veo frente a mi un cuervo, no un humano, estoy confundido.
-Lo entiendo, ala purpura, déjenme explicarles. Carlos es el nombre que me dio una dulce mujer humana a la cual solía visitar. Me agrado el nombre, pues en mis rondas por las casas de los pueblos y las ciudades, lo escuchaba por todos lados. “Debe ser muy importante” me dije y por eso me llamo Carlos.
- Ya veo Carlos, pues, mi amigo pico negro y yo estábamos conversando acerca de la vida y de la muerte y del propósito que tiene la muerte al hacernos descansar. Al menos ese es el resumen. El resto quizá sean solo palabras por hablar. Ya sabes como somos de ruidosos nosotros los cuervos.
-Entiendo. Es primera vez que estoy en uno de estos lugares y desconocía lo que hacían los humanos aquí. Nunca vi tal cosa de donde vengo.
-y de dónde vienes?
-de los maizales.
-ah! Los maizales, campos dorados, paraíso de los cuervos. Sabroso y suculento maíz todos los días!
-Si, qué rayos haces en este grisáceo lugar entonces? Nosotros ya nacimos y vivimos por aquí, pero si no quedara tan lejos seguro estaríamos por uno de esos campos dorados.
-Verán, como ustedes dicen, los campos dorados son sin duda un paraíso, pero…no sé como explicarlo, un día tuve una duda, la duda se convirtió en intriga, la intriga en obsesión y la obsesión eventualmente en esta “aventura” a estos grises lugares.
-y cuál era esa duda, pues, si se puede saber?
-Si, por qué se levantaban los humanos cada mañana para cuidar la tierra, sembrar el maíz, partirse la espalda trabajando, sudar, lastimarse y hasta llorar por todo aquello que nunca les iba a pertenecer. Déjenme extenderme, quizá así me entiendan un poco. Desde que aprendí a volar, cada día desafiaba al imponente espantapájaros para comer el dorado maíz. Un día me di cuenta que todo el campo dorado del cual yo comía cada día era cuidado por una familia de humanos. Estos humanos se levantaban con el sol cada día, sin importar lo ardiente del mismo. Trabajaban hasta que caía el sol. Labraban la tierra, tiraban los granos de maíz y otras ricuras, regaban con agua, alimentaban otros hermanos animales, sudaban y sudaban. Muchas veces los vi lastimarse y llorar por el esfuerzo que estaban poniendo para mantener llenos los campos dorados. Con el tiempo me di cuenta que el numero de humanos que trabajaban en el campo iba disminuyendo. Todos vivían en una pequeña choza de adobe y durante muchos días escuchaba muchos llantos y gritos desde adentro de la casa. Al parecer habían contraído una enfermedad y los consumió uno a uno.
Unos días no trabajaron y tampoco estaban en la pequeña casa de adobe, así que aproveché a entrar. El espantapájaros no dijo que no, así que ingresé por una ventana.
-Y qué viste?
-Miseria.
-como miseria?
-Si, no había ni siquiera maíz en ese hogar. Al parecer dormían como perros en el suelo. El lugar apestaba a suciedad y podredumbre.
-Vaya contraste entre el campo dorado de afuera y ese hogar.
-Exacto! Eso me generó mucha intriga.
-Explícate.
-Si. Nosotros los cuervos nos despertamos con el sol, volamos a donde se nos plazca, comemos y bebemos lo que encontremos y se nos antoje. Nunca nos falta nada, vivimos sumamente bien. Sin embargo, como les mencioné, estos humanos, no sé si vivían, no sé como llamarle a eso, pero imagínense, del más viejo al más pequeño desgastaban su fuerza vital en trabajar y ni siquiera disfrutaban de su trabajo. Sin duda, yo era uno de los más beneficiados por su trabajo, pero no trabajaban para mi. Para qué demonios trabajaban, lo tenían ya todo y a la vez nada.
-Seres muy complejos son los humanos.
-Lo son! Por eso decidí hacer un largo viaje en búsqueda de la razón por la que los humanos hacían esto. Volé de sol a sol cada día, no encontré respuestas, sólo mucho ruido. Mucho más del que hacemos nosotros los cuervos. Me di cuenta de muchas cosas.
-Cuéntanos más.
-Un día estaba sumamente agotado de tanto volar y muy hambriento y pude observar en una de esas enormes jaulas que los humanos llaman casas, que una humana anciana estaba arrojando semillas para las aves errabundas como yo. Así que aproveche a descansar y a la vez alimentarme y con cuidado descendí. La anciana me vio y sonrió y arrojó semillas hacía donde yo me encontraba. Era como si me estuviera invitando.
Llegué a la conclusión que no hallaría las respuestas que buscaba. Todo era tan complejo, así que lo dejé ser. Sin embargo, cuando decidí partir mis alas parecían estar muy cansadas. Después fueron muchos días volando. Sin darle más vueltas al asunto, decidí quedarme cerca y así mientras reponía mis fuerzas podía disfrutar de las semillas que arrojaba la anciana y aprender un poco más de los humanos. Me quedé a observar a la anciana y pude notar que cada día ella parecía más débil. Un día en lugar de caminar, observe como se mantenía sentada en una silla con ruedas. Sin embargo, pese a su condición, no dejó de alimentar a las aves errabundas como yo.
-Que agradable debe ser esa anciana.
-Lo era. Un día la vi con su cabeza abajo, se veía triste y desolada, al parecer ya no le quedaban muchas fuerzas, apenas podía arrojar las semillas, por lo que me tuve que acercar más. Noté que la anciana me sonrió, así que me animé a hablar con ella.
-Qué hiciste qué!?
-Hablé con ella.
-Y te entendió?
-No lo sé, pero me habló de vuelta, así que supongo que si.
-y qué le dijiste?
-Sólo le dije “gracias”.
-y qué te dijo la anciana?
-Me dijo, que bueno verte, desde que te vi aquel día me recordaste mucho a mi padre Carlos. Tan agotado y hambriento, como lo veía a el cada día. Ridículamente imaginé que eras mi padre viniéndome a visitar. Pero esas son tonterías. Sin embargo, no dejabas de recordarme a el, por esas dos cosas, así que te llamé Carlos.
-Sabes Carlos, me dijo la anciana. Estoy muy cansada y enferma y sé que pronto moriré. Como quisiera que Dios me diese más vida para ver a mis hijos y a mis nietos. Para ver a mis amigos y a mis amigas…a los que quedan al menos, si queda alguno. Para poder caminar y trabajar y así poder ayudar a mis hijos.
-No tiene sentido!
-Calla pico negro, déjalo hablar.
-Creo que ya no tengo nada más que decir, solo que creo haber hallado la respuesta que buscaba.
-Hasta ahora te he creído todo, menos esto.
-Ahora cállate tu ala purpura, déjalo hablar.
-Está bien, dinos qué respuesta hallaste.
-Verán, ella no decidió nacer humana, como nosotros no decidimos nacer hermosos cuervos. Nuestros estilos de vida son sumamente diferentes.
-Obviamente
-El asunto es que pese a todo, tanto ella, como los trabajadores de los maizales disfrutaron sus vidas al máximo.
-qué te hace decir eso, ambos casos son desabridos.
-lo sé, pero los trabajadores de los maizales compartieron tanto el trabajo, como la enfermedad y la muerte. Sin importar lo terrible que a mis ojos fue su vida, ellos disfrutaron cada instante de la misma, entre ellos, compartiendo todo. La anciana, quizá no vivió de la misma manera, sin embargo, sus deseos ya en el ocaso de su vida, era de seguir viviendo, pese a lo lastimosa que era su vida, solo para ver y compartir con sus semejantes. Ella me dio la clave.
-Aún digo sin entender.
-Quizá si te callaras pico negro…
-Los humanos suelen aferrarse a las cosas, pero más que todo a sus semejantes. Solo vean este lugar. Los humanos no pueden alegrarse porque sus semejantes descansan, sino que los quieren aquí y ahora. Estoy seguro que si los que están bajo tierra pudieran hablar, dirían que tampoco quieren irse.
-ya veo…el vivir de los humanos es el compartir cada momento con otros.
-Entiendo, ahora dime, que fue de la anciana.
-Hoy he venido a despedirme de ella y al parecer todos esos tristes humanos que visten de negro como nosotros los cuervos, también están tratando de despedirse.
-Qué le vamos a hacer?
-Si, la vida es como es, disfrutemos cada momento. Después de todo, no importa lo que hagamos o seamos, nunca jamás volveremos a vivir la misma vida.
-Tienes razón y es por eso que antes de descansar quiero ir a disfrutar de los maizales, de esos campos dorados de donde vienes.

-Me parece muy buena la idea, mañana saldremos con el sol, a los maizales, a los maizales iremos cuando salga el sol y disfrutaremos hasta el día en que descansemos. 

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